Pues, no sé… a falta de creatividad voy a colocar el inicio de una historia, aún no tiene nombre y no he pasado del primer capitulo, pero… juzguenla D:! a ver que les parece lo que llevó…
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“¿Sabías que a veces las bendiciones, pueden convertirse en tus peores maldiciones?”
Y entonces…
Sus manos rodearon mi cuello con firmeza. Su mirada era oscura, diferente a la del chico que yo había conocido. Miraba con gozo como la vida se me iba escapando, cada vez apretaba más fuerte, más y más… Recuerdo que al inicio intente detenerlo, mire con miedo esa faceta suya, pero luego… sencillamente deje que tomará mi vida, después de todo él me había dado la suya ¿Y como podría pagarle todo lo que hizo por mí? ¿Abandonándolo? No podía hacer eso. Entonces le susurre un adiós a este horripilante mundo, para así liberarme del odio que este sembró.
Y mientras… el universo ronca.
“No existen las coincidencias en este mundo, solo existe lo inevitable”
Desperté de un largo sueño, mi despertador anunciaba con estrépito que era el momento de levantarme. Era miércoles en el mes de octubre y como todos los días debía de asistir a clases.
La monotonía comenzaba a invadir mi vida nuevamente, la última vez que sucedió ocurrieron cosas de las cuáles hasta hoy sigo arrepintiéndome. Necesitaba algo “nuevo”, algo que me brindará un poco de diversión. Lamentablemente este tipo de pensamientos terminaban por acarrearme muchos problemas.
Me levanté como pude, soltando una que otra maldición y finalmente llegue a la ducha. Luego de eso me vestí con el uniforme roji negro de la escuela. Peine mi cabello, largo y ondulado. Cepille mis dientes y salí de casa. Era tarde… al parecer dormí 10min de más, debía darme prisa o él se enojaría mucho.
Hace un año que entre a la preparatoria y es exactamente ese tiempo él que conozco a mi amigo. Su nombre es Alfonso y va en la misma escuela, año y curso que yo. Él es una persona simpática, tierna y muy amable, claro… solo con sus amigos. Recuerdo que cuándo comenzamos a hablar me exasperaba fácilmente con sus comentarios, un poco entre hirientes y burlones, pero bueno… así es él, a mi me parece único.
Alfonso, suele acompañarme cada mañana a la escuela, es capaz de dejarme de hablar si lo dejo llegar tarde un solo día, jeje, es muy perfeccionista, a veces suelo ser como él y aún así somos dos mundos distintos, yo soy de un modo y él de otro.
- ¡Alfonso! – Grité desde el otro extremo de la calle mientras seguía corriendo hacia él. Pero al parecer no sonreía, tenía una chistosa mueca iracunda. – Alfonso… perdón… - Le dije entrecortadamente, correr de ese modo casi lograba causarme un paro cardíaco así que me costaba trabajo hablar bien.
- Llegas tarde… y por tú culpa, llegaré tarde a la escuela – Lo dijo serio y enojado.
- Perdóname… ya estoy aquí, si corremos de seguro que llegamos a tiempo – Intente razonar con él, pero eso siempre era una batalla épica.
- ¡Ugg! ¿Y llenarme de sudor? Que asco…
- Vamos, no seas llorón ¿Quieres llegar tarde? – Alfonso me miró aún con más rencor
– La próxima vez no te esperare… - Luego de eso, emprendió carrera alejándose de mi.
- ¡Tramposo! – Salí justo detrás de este.
Hicimos un total de 20min corriendo, por un instante pensé que no llegaríamos a tiempo y bueno, no lo hicimos en si… solo digamos que llevarse bien con el conserje de la puerta, tiene sus ventajas.
Entrando a la escuela, nos dirigimos a nuestro salón el cuál aún se encontraba libre de la autoridad de algún profesor.
- ¡Pensé que habían muerto! – Exclamó una amiga que se dirigió a nosotros.
- Eso quisieras – Le respondió Alfonso con una sonrisita divertida.
- Jajaja, oye Fío, quisiera hablar contigo… - Volvió a hablar la misma chica.
- Ah… claro – Ella era Fernanda, una amiga, no tan “intima” como Alfonso, pero le tenía cariño.
Caminamos un poco y llegamos al pasillo enfrente de nuestro salón.
- ¿Qué ocurre Fer?
- Dime la verdad…
- ¿De que?
- ¿Es verdad que tú y Alfonso son novios?
- ¡Otra vez con eso!
- Fío, todo mundo lo rumora…
- Lo rumoran cada que inicia un nuevo curso, pero está vez se la volaron… ni siquiera es inicio. Eso lo debes de saber ya muy bien, te lo digo cada seis meses
- Si, pero… ¿no crees que podrían hacer linda pareja?
- No se trata de eso, Alfonso y yo somos amigos, solo eso.
- Entonces ten cuidado y ya búscate un novio. Recuerda, eres la mejor amiga de uno de los chicos más populares y codiciados entre las chicas. Hacen todo juntos… trabajos en equipo, vienen juntos a la escuela, almuerzan…
- Tú exageras, siempre lo haces, mejor dime que te gusta y ya
- Claro que no, a mi me gusta otro
- ¿Ya ves que feo se siente que te inventen rumores?
- ¡Calla! Jajaja
Ambas reímos por un rato, pero al momento llegó el profesor de la primera clase. Tocaba algebra II y con lo mala que soy para las matemáticas, pero por suerte tenía a Alfonso, todo un genio y para mi solita. Me encantaba mirar los rostros furiosos de mis compañeras, se cuánto deseaban pedirle ayuda, pero él solo se concentraba en ayudarme a mi. Fue entonces cuando una idea cruzó por mi mente… ¿Y si yo si fuera su novia? Después de todo no lucíamos mal juntos, aunque él se desempeñaba mejor en las materias, yo era más sobresaliente en el ámbito artístico así que creo que nos complementábamos… y pese a que yo no era tan popular como él, tenía mi buen grupo de “fan’s”. Entonces… ¿Por qué no me había preguntado todo esto desde antes? ¿Por qué hasta ahorita?
- ¿Entendiste? – La voz de Alfonso me saco de mi trance
- ¿Ah?… ah, si, si claro… - La verdad es que no le había puesto atención, así que estaría en problemas si me pedía que le repitiera lo que dijo; sin embargo se dio cuenta de unos garabatos que dibuje en mi cuaderno mientras me encontraba bobeando.
- ¿Estabas dibujando? – Al contrario de lo que creí, se rió y me miro con ternura. – No pues si, así no vas a aprender
- Jeje, no, no estaba dibujando si te escuche
Así transcurrió el día entero hasta que pudimos irnos a casa y como de costumbre, regresábamos juntos. Entre más lo pensaba me daba cuenta de que en verdad parecíamos novios, solo quitando los besos y las supuestas cartas y palabras de amor, fuera de eso, éramos como una pareja.
- ¿Entonces vienes a mi casa o voy a la tuya? – Nuevamente la voz de Alfonso me trajo a la realidad.
- ¿Ah?… ah, voy a la tuya ¿no? En estos momentos mis padres salieron de viaje
- Jajaja, ¿Y eso que? Mejor para los dos ¿no? – Alfonso se veía divertido al tiempo en que lanzaba una mirada insinuante.
- ¡No! Claro que no… - Aquel comentario me había hecho sonrojar. “Que tipo de cosas se le ocurren decir” pensé.
- Jajaja, aburrida – Mi rostro aún colorado dio un giro a lado contrario de él.
De repente, sin saber por que, me pare en seco y le mire fijamente.
- ¿Por qué… yo… Alfonso, yo te gusto?
- ¿Perdón…? – Alfonso me miró indignado, como si le hubiera preguntado algo muy malo o quizás muy obvio.
- ¿Por qué si hacemos todo juntos, por que no somos novios? ¿Es por que no te gusto?
- Fío… - Me tomo por los hombros – Eres una chica muy linda, tu cabello me encanta, tus ojos, tu modo de ser, pero creo que tú y yo no estamos hechos para ser una pareja, aparte… aunque eres bonita, no eres mi tipo y lo sabes muy bien
- Lo sé… - Su tipo… su tipo eran las chicas rubias o de tez muy clara y sobre todo con un ego elevado hasta las alturas que fuera capaz de tratarlo como basura. Yo no tenía nada de malo, ni siquiera era morena, tenía un colorcito muy claro y no era rubia, pero existían los tintes ¿Qué no? En donde si fallaba mucho era en lo de tratar a los hombres mal, yo sigo siendo muy cursi y romántica aparte de dulce y eso a él le empalagaba – Perdóname
- Fío ¿Recuerdas que es lo que más me molesta ante este tipo de situaciones?
- Si, perdón… digo, ya vamónos, no pasa nada, jajaja – Si… la dignidad ante todo, no podía dejar que me viera triste o decepcionada, primero estaba yo y luego estaba yo, así de simple.
Ser amiga de alguien como Alfonso era muy complicado, es una persona entre agradable y soberbia. Aparte de a veces decir las cosas exactamente como son, él nunca mentía.
Continuamos caminando hasta que llegamos a nuestras respectivas casas, nos despedimos y se fue, claro, no antes de amenazarme para que no volviera a llegar tarde.
Así era cada uno de mis días, aburridos, monótonos… necesitaba sentirme viva. Muestra de que comenzaba a desesperar era lo que había sucedido en esa tarde, estaba buscando renovar algo que sé que no podía cambiar, Alfonso, solo era mi amigo.